Es mi vida un cuento que me relato a mi mismo, a veces una
poesía a la que le falla la rima, a veces una novela de llanto
estrecho, a veces sólo es vida. Y te cuento, con sorpresa, cosas
que tú jamás dirías de mí. Cosas que no has visto y, creerás, jamás
verías. Porque tú tienes tú propio cuento, el que habla sobre mí,
como yo tengo uno que habla de tus días.
Me huele a puro presente esto que me cuento hoy, pues es
diferente de las cosas que recuerdo de antes del lamento; un vacío
amargo inundaba mis ideas, pesadez de caras grises y párpados
hinchados, somnolientos, confundidos. Este nuevo cuento habla
de flores mariposas, de besos juguetones entre pétalos de rosas.
Sonrisas cobijadas bajo el sol del amanecer, de luz de entre
cortinas y demás certezas. Realidades de nuestros días que pocas
veces veíamos, aquellas que la desdicha se empeña en ocultar.
Porque me levanto y siento que mi vida la llevo encima, como
intacta al olvido, protegida de la mentira. Mentira tal certeza de
integridad; mis amores y mis odios van y vienen a su antojo. Unos
días otros mueren, vienen cojos, a medias, con pereza de ser
verdad. Y yo no hago más que creer en la evidencia presente; un
olor a humano, a plasticidad circunstancial. Ese, que era, ya no es
el de hoy. A veces sí. A veces hoy.
[Se complican las ideas, se hacen pesadas al ojo. Son
ceremonia de bienvenida al lector/autor, carta abierta a la
imaginación y a mi necesidad de deshojar al tiempo.]
Es mi vida un cuento de capítulos aleatorios, interactivos con el
presente. Una mentira que se miente. De recuerdos disfrazados,
que no piden dulces sino llanto, a veces alegría. A veces, hoy.
[Toscas melodías de amplia armonía.]
Estrecho el recuerdo de recuerdos a traer que recuerdan un cuerpo
que recordaba una mujer. Y la recuerdo, aunque no parezca.
Recuerdo que decía que un día volvería a traer alegría siendo
compañía —una hermosa melodía susurrada con torpeza— a la
luz que nos daría el amor algún día de un nuevo amanecer.
Un cuerpo que me recordaba a una mujer.
Porque me levanto y siento que algo tengo que hacer y, de paso,
también ser una mentira que se miente a sí misma, a la luz de un
nuevo día, recordando a una mujer. Escribiendo mientras cuento,
como números, mis amores y mis odios, que más bien son pocos,
y se acaban con rapidez —la pesadez de esperar, paciente, a la
muerte—. Entre tanto, multiplico los amores porque odios sobran
entre los hombres [quienes se cuentan cuentos de poder] de
discursos abstrusos por vacíos. Se les pudre el ombligo que les
permitió la vida.
A mí también.
[Bruja, Noviembre 7, 2006]