Soy un hombre que extiende sus brazos y abraza, pues no es de poesía su corazón. Aunque quiera y se acerque a ella como venado al río, no puede otra cosa que en su pensamiento ser hombre, sincero, descubierto y pueril. Virtual la vida que se lleva en el deseo, construida a partir de recuerdos digitalizados procesados por la razón. Pretender ser quien soy. Ser quien entrego a cada quien. Partes abstractas de mi historia, fragmentos de un flujo de acción.
Uno aquí, otro hoy.
El resto del movimiento en constante modulación. Llega la brisa, llega el olvido [que parece más desidia], se aleja el viento y suspiramos por amor. Pero el vientre acosa, acosa la necesidad. Inhala; todo hálito de estética desafortunada. Exhala; y se siente descargar toda suerte original. En los bosques, en los ríos, mirando de frente al sol. Es la presencia eterna, tautología que acaba en la muerte, tener que mitigar el dolor. Inhala y exhala a espaldas nuestras, sobre el cuerpo, sobre los sueños. Y aun así queda espacio para preguntar ¿quién soy?: Uno aquí, otro hoy. Contradicción.
Quisiera ser otro quien indicara el camino; saber cuando ha de ser remolino. Pero es innecesaria tal esperanza pues somos nosotros código y paso. Opositores de la magia, peso al caminar. Aquella respiración, que sabemos como acabar, le agitamos, excitamos su sexo, le tocamos allí donde pierde el control. Ella, que es acoso, hecha bestia anormal, incorporada a la vida y a la realidad.
Percatarnos de ello, sabernos código y riel. Movimiento y destino, ser todos parte de luz y de sombra. Aunque lo somos sin saberlo y así le damos peso al azar [o a quien se quiera percatar]. Indescriptibles las caras que dibujamos en los encuentros, ajenas las que nos prestan para decir adiós. Azaroso el movimiento del río, allí donde nace debe de ser la casa de Dios: El hombre; uno aquí, otro hoy.
Bruja. Agosto 22, 2006.
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