Un retrato de mi rostro que recuerde, en otro momento, aquella abstracción de eventos singularizados en un momento particular; el momento que deseo perpetuar, aquel estado. Eventos encadenados por una suerte fortuita común, por un sabor particular, y tal retrato un representante de aquella fortuna. Tal fotografía de tal fecha, que en un hoy futuro interpretaré como un ayer que hoy es presente, recordándome el ayer que pasó mientras saboreaba tal sabor que me sabrá a recuerdo. Que creeré regresión. ¿A dónde se da tal vuelta? O mejor ¿a cuándo?
¿Acaso una línea que me empuja hacia la muerte?
¿Suspendido en el espacio o navegando en el tiempo?
Ideas sobre lo que fue me huelen a que las cosas quedaron tras de mí. Sin embargo, yo me siento en el mismo lugar. Si acaso veo variación espacial. Unas cosas que cambian aquí y allá; colores, formas e ideas. Pero siempre estando sobre un lugar que es un tanto resistente al cambio, que desconoce al tiempo.
Un retrato de mi rostro para saber quién soy. Un retrato de mi rostro para saber quién fui. Un retrato de mi rostro seré. “Es él” dirán señalándome a mí, quien seré retrato. Un retrato que ocupará mi lugar y usurpará mis ideas. Un retrato, que soy yo, seré. Y ¿qué será de mí? Ser un retrato; un retrato del mundo que viví, que recuerde el resultado de los pasos dados, los labios besados y las horas perdidas. Éstas últimas pensadas como mariposas incansables de largo vuelo y destino infinito. De corazón tenaz que odia un poco al hombre. Aquellas que son retrato de tal falta de cordura que supimos tragar entera. De aquella locura que nos hizo enloquecer y que acabó con nosotros. En un aquí que hoy es un después. En un ahora que será un allá. Un tiempo y un lugar. Un retrato que me duplica y me mantiene. Aquella angustia que todos sienten. Lo que haré seré. Construyendo para el mañana. Y ¿aquí? Dolor y lágrimas. Drogas para aguantar. Y ¿hoy? Soledad. Silencio y angustia. Soledad. Y ¿hoy? Es siempre.
Un retrato para engañar.
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