Se puede empezar por una pregunta que no tiene sentido; mejor obviarla y seguir. Pero surge otra pregunta, la cual nos vendría mejor no responder. Una mujer cuyo nombre nunca quiero saber. Una pregunta que muere como una metáfora jamás comprendida [y jamás es más de lo que se puede comprender]. Una mujer pregunta y miente mientras el hombre se sostiene con tozudez. Erguido y frío. Ciego y torpe. Azul. Es una imagen que viene a mí una y otra vez [y dos veces es más de lo que puedo comprender].
La mujer orquídea. El hombre mentía, o ¿era la mujer?
Se pueden dar más de dos pasos sin preguntar y, después, morir. Se pueden preguntar más de mil pasos sin andar y jamás ser. Se puede ver todo desde aquí, se puede vivir todo sin ver, atolondrado. Mil cosas para hacer, preguntar y ver. O ninguna ¿jamás? Nunca; en ningún tiempo [más de lo que se debe pronunciar].
Yo Reptil, la mujer el viento.
Se puede sonreír más de una vez, a veces ofrecer. Todo está bien; aún cuando la pregunta me asalta, es ésta la que yo me niego a buscar respuesta. Pero surge otra pregunta y saber enreda más caminos. Entonces, hecha metáfora orquídea que es vivida como una pequeña nube que transmuta y siente. ¿Soy serpiente? Vertebrado de temperatura variable que arrastra el vientre. Entre la mugre del mundo, y la mugre que la hizo el hombre. El hombre quien fue hecho por la tierra. La mujer también, pregunta y miente. Entrega; el mercado del embrujo en vitrinas vivas.
Perturba la temperatura fluctuante y no fluctúa. Vuelve la pregunta con el ir de la mujer. Venir de la mentira. La serpiente y su sonrisa. Y ¿después?
La mujer orquídea. El hombre mentía, o ¿era la mujer?
Se pueden dar más de dos pasos sin preguntar y, después, morir. Se pueden preguntar más de mil pasos sin andar y jamás ser. Se puede ver todo desde aquí, se puede vivir todo sin ver, atolondrado. Mil cosas para hacer, preguntar y ver. O ninguna ¿jamás? Nunca; en ningún tiempo [más de lo que se debe pronunciar].
Yo Reptil, la mujer el viento.
Se puede sonreír más de una vez, a veces ofrecer. Todo está bien; aún cuando la pregunta me asalta, es ésta la que yo me niego a buscar respuesta. Pero surge otra pregunta y saber enreda más caminos. Entonces, hecha metáfora orquídea que es vivida como una pequeña nube que transmuta y siente. ¿Soy serpiente? Vertebrado de temperatura variable que arrastra el vientre. Entre la mugre del mundo, y la mugre que la hizo el hombre. El hombre quien fue hecho por la tierra. La mujer también, pregunta y miente. Entrega; el mercado del embrujo en vitrinas vivas.
Perturba la temperatura fluctuante y no fluctúa. Vuelve la pregunta con el ir de la mujer. Venir de la mentira. La serpiente y su sonrisa. Y ¿después?
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