Es muy difícil discriminar lo sincero entre tanto deseo de parecer novela. Igual, lo digo: no quiero vivir. No te preocupes, no te alarmes, querido ‘lector’: no es sólo por ti; verás, creo que no somos más que un síntoma de todo lo que pasa bajo el sol —la vacuidad de la psicología—. Simplemente un gran error, un error ubicuo degenerativo.
[Sí, mucha palabra mierda, mucho 'poema culo'; es que es difícil discriminar lo sincero entre tanta novela. Y en últimas, es como de puro desdén. La pura pereza y la desesperanza y guardar un poco la belleza que, al final, vale la pena, o en ese momento cualquiera que sea (más bien).]
Como decía: no sé bien, pero parece que es así. Tanto imaginar un final que, pues, pierde sentido —el culto a la espontaneidad, la novela—. ¿Carne y pelo es lo que me interesa? Como que sí—o novela, ¡qué más da!
Y sí: sólo he dicho lo mismo. Al final: nada más tengo para/que decir.
[Y algo debería decir de ti, querido 'lector'. Aquí va: eres un síntoma de una enfermedad mitológica —perteneciente o relativa a un mito—, de un mito concreto: la primera-personeidad de la mente, la soledad y El Héroe; uno y sólo un mito concreto. En tanto mito: fachada, la enfermedad ¿será otra o simplemente la reificación de aquel mito concreto? Ya trataremos de ver, si no muero en el intento.]
Besos.
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