Febrero 21, 2010 [últimas líneas: marzo 18].
«¡Qué delicia!», dije que decía. Pero es que ¡qué delicia! ¿Cómo no, si es mujer? Mujer en forma y figura. Mujer con todo y las amarguras. ¡Pero es que ¿cómo no?! De nuevo, acá, intentando construir otro éxito de un fracaso [con todo y lo relativo que esto quiera ser]. Bruto fui y he sido; bruto y solo. Bruto seré una y otra vez. Bruto por solo. Y sólo por bruto: ¡porque se desliza! A toda prisa se derrama a carcajadas. El miedo, claro, del que también hablé.
Tengo que escribir para recordarme, y dejar evidencia, de lo mucho que embrutece la paciencia. ¡La soledad! Bruto y ‘eufemista’ y mentiroso. ¿Podría, acaso, engañarme? ¡Claro que podría!, una y mil veces. Me engaño. Digo que estoy aquí, sintiéndome allá. Acullá, en lontananza del amor, ‘allende la tierra’. Mía la palabra repetida de mis labios a los besos. La mentira. Embrutecen las ganas y la masturbación. La eyaculación precoz. La pornografía. Tanto olor a sexo, tanto gemido fingido en el pixel.
Pero sí recuerdo lo que nunca he experimentado: el engaño virtual. Bueno una vez, de una tal Josefina que, con mis trucos de sinceridad, jugaba a aceptar sus nalgas —o la falta de ellas— y se ofrecía como hoja al viento de mis juegos. Era un juego. Y esta vez, era ella quien hablaba. Luego hablaban las ganas: que las manitas, que los amigos, que lo borracho. Y así, todo lo despreciable que se puede decir de lo que no se desprecia. Una y otra vez. De éste y de aquél y del otro. «¿Es que no te das cuenta?». Me doy cuenta de lo mucho que se puede mentir; embrutecen las ganas no concretadas… y el temor.
También hubo besos consabidos, del dominio público. Lo demás, pura especulación. Mía y de ella. Conspiración felina, canina, ‘mielinea’ (del seso), de sexo, de amor. De lo que soy y de lo que sería. Con él, con otro y con otro. «¿Es que no te das cuenta?». Me doy cuenta de que no puedo desclavar mis anzuelos y del daño que te han hecho.
Entiendo que no eres tú quien habla: son tus ganas. Entiendo que las ganas cambian con tu mirada y que vas de aquí a allá según te vas sintiendo.
Hoy, de nuevo, cuando termino, ya empiezo. ¡Esta vez una fantasía! Pero qué más da. En la fantasía también es mía y me dice que me quiere. Y yo la quiero a ella; tan pequeña y caligráfica. Pero ya. No hay más que decir, pues no termino lo que empiezo si dejo pasar la emoción pasajera que se pasea y no regresa. Un final inesperado, curiosamente en los brazos de otra. Brazos es un decir: ¡fantasía! Sólo eso. «Y tres veces besos para vos», dije.
:)
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