Un hombro alto, acogedor, ahumado y cansado.

Cuando me desmayé caí sobre su hombro alto y acogedor que olía a humo de cigarrillo y cansancio. Recuerdo bien eso. Lo recuerdo con mucho agrado. Un hombre, médico, lleno de comprensión y dolor. Después de eso abrí este blog. Las primeras fotos recuerdan la enfermedad. Julio de 2006, pocos meses después ya no estaría más con ella. ¡Pobre! Tanto sufrió con mi mal carácter y mi enfermedad.

Le pedí que llamara al médico; me enfermaba estar en la sala de espera entre tantos dolientes, tantos quejumbrosos. Todo daba vueltas. En medio de su angustia y su torpeza lo hizo llegar. Me pidió que llegara hasta él. A pocos pasos de mi meta, me desvanecí y ahí fue cuando caí sobre su hombro. Tan acogedor. Y el olor. Luego desperté respirando dentro de un guante de goma y sus caras de terror en claroscuro sobre mí. Mis manos torcidas, mis brazos torcidos y la humedad de haber botado chorros de sudor.

Recuerdo mucho a ese hombre con tanto dolor por la vida y tan cansado de atestiguar cada noche tanto sufrimiento.

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